θάλαττα, θάλαττα…

agosto 20, 2008 at 11:30 am (Mitología) (, , , )

John Vanderlyn, Ariadna durmiendo en Naxos

John Vanderlyn, Ariadna durmiendo en Naxos

Naxos es la isla más grande del archipiélago de las Cícladas. Es un lugar apacible de terrenos blanqueados por casitas de techo plano. Sería idílico decir que la arena de sus playas es blanca como el manto de una vestal aunque no guardara total correspondencia con la realidad. Han meado en sus esquinas más recónditas jonios, persas, macedonios, romanos, venecianos, otomanos y algún que otro turista con camisa floreada al más puro estilo Pratchett; lo que constituye una notable mezcla de fluidos. El calor en verano es agotador y la proverbial hospitalidad griega no puede evitar que uno gire su cabeza hacia el mar y susurre entre suspiros, sin razón aparente y tal vez sin saber el significado, como letanía que se pronuncia por pura imitación, “θάλαττα, θάλαττα”, ´como si miráramos con otros ojos que no son los nuestros.

Naxos, referencia real del mito. Allí el barco de Teseo se detuvo en su travesía, allí Ariadna, hija de Minos y Pasífae, hemanastra del minotauro, descendió enamorada después de abanonar su patria por el capricho de la flecha dorada de Eros. Veo a una mujer dormida bajo un árbol a través de los ojos de Tiziano. Su amor por Teseo surgió a primera vista y, como diría Schopenhauer, el genio de la especie embriagó sus sentidos para seguir a su amado por el mundo. Más tarde Ariadna sería abandonada por Teseo y tomada en matrimonio por Dioniso, el dios del vino.

Una vez en Naxos Ariadna se sume en el más profundo sueño, ocasión que Teseo aprovecha para levar anclas y continuar la navegación de regreso a Atenas. Ariadna, gobernada por el sueño, no se percata de la huída y permanece bajo el árbol de Naxos dormida, como si ella misma se hubiera dejado abandonar, como si extasiada después de masturbarse no pudiera prestarle sentido a ninguna otra cosa. En sueños puede vislumbrar un barco alejándose en el horizonte, puede ver a Teseo desvaneciéndose oníricamente. Su vestido abierto ahoga la hierba fresca.

La postura de sus brazos mientras duerme es incómoda y antinatural. Su mejilla descansa sobre el dorso de la mano izquierda y su brazo derecho cubre parte de su cabeza, como un velo de carne de mujer. Difícilmente se puede concebir la idea de alguien que se duerma espontáneamente en una postura siquiera parecida. Me detengo a observar una vez más la copia romana de Ariadna dormida, en el museo del Prado y la respuesta me viene más tarde en sueños, haciéndole homenaje a su musa.

Ariadna no estaba dormida, Ariadna estaba preparándose para el coito con Dioniso. La incómoda postura de sus brazos, sus ojos cerrados, sus pechos desnudos forman parte de una técnica infalible de seducción. Ella espera a Dioniso, la ferviente enamorada de Teseo espera ser penetrada por la inmortalidad, el genio de la especie se manifiesta una vez más en forma de deidad.

Y así Ariadna concibe a Enopión, personificación del vino, la sustancia divina que nos desinhibe y nos hace amar, provocando nuestro deseo e impotencia sexual al mismo tiempo, la que desata los convencionalismos a los que nos amarramos nosotros, enfermos y portadores de la doble moral. Y como diría algún griego “οἶνος καί ἀλήθεια”(vino y verdad).

Teseo pierde de vista a Ariadna por un momento y la encuentra al cabo de diez minutos, tendida plácidamente a la sombra de un árbol, haciéndose la dormida. Él sabe que en realidad no duerme y piensa que sólo quiere juguetear un rato. Se acerca a ella e introduce su mano entre los pliegues de su desarmado vestido para comprobar la humedad. Entonces Ariadna susurra en un suspiro insinuante “Dioniso”. Teseo recula rápidamente, como si de repente su mano ardiera. Se aleja corriendo de aquel lugar, aguijoneando a sus hombres para que regresen al barco lo más rápido posible. Un mortal no debe tocar a la mujer de un dios.

Yace Ariadna esperando a Dioniso, aguardando la inmortalidad universal con las piernas abiertas casi sin ser consciente de ello. Más tarde es elevada al firmamento como la constelación Corola Borealis. Desde su lugar privilegiado no puede dejar de contemplar Naxos y como el soldado griego que huyendo de los persas se adelantó un poco al grupo para contemplar el mar, exclama con nostalgia desde su trono de estrellas “θάλαττα, θάλαττα”.

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4 comentarios

  1. The Great Gatsby said,

    Muy buenas jovencita, que honor es para mi ser el primero en comentar tu blog. Que puedo decirte que no sepas ya despues de tanto leer tus escritos, me ha gustado mucho, pero prefiero dejar los halagos en privado. Sigue en esta linea y tu blog sera un placentero pasatiempo. Un besito, y sobre todo disfruta de tu viaje ^_^

  2. Juan said,

    excelente interpretación!!! me encantó!!! sólo no sé que quiere decir la expresión final y que da título al artículo. Pero te felicito por la sutileza de la descripción, una de las mejores que leí sobre este tema en toda la red… qué historia… y qué versión… te lo dice una de las encarnaciones del propio Dioniso!!

  3. Juan said,

    no se si quedó grabado el nombre de mi blog: elpornologo@blogspot.com
    besos

  4. zapatodepapel said,

    Muchas gracias por tu comentario, Juan. Ha sido un despiste lo de no poner lo que significa el título. La traducción es: “el mar”. Me alegra mucho que te haya gustado. Voy a echarle un vistazo a tu blog. 🙂

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