HUÍDA

octubre 7, 2008 at 9:04 pm (Uncategorized)

El papel en blanco me da pánico, me da pánico escribir después de tanto tiempo vagando por los terrenos infértiles de un corazón de hielo. Pero ahora estoy de nuevo aquí, evocando a la musa, a la diosa con dientes de hierro, la hija de Mnemosine más licenciosa, la que cambia de aspecto, voz y formas cada vez que la intento recordar, aunque la mayoría de las veces yazca en el olvido, ese rincón donde sólo se puede respirar polvo y lamer lágrimas hechas barro.
Pero la memoria es traicionera y una simple nota musical, una tenue emanación, pueden ser las llaves de ventanas cegadas cuyas cerraduras permanecían invisibles. Y así se pueden enumerar todos mis amores, que en realidad son uno. Exprimo la materia y la idea se hace aún más etérea e intangible y huye, se escapa entre mis dedos como el agua, se posa cada vez en una flor distinta, toma formas insidiosas.
Musa, dime cuál es tu nombre, no quiero llamarte Musa, no mereces tal honor. Hay quién te llama Ángel de Música o simplemente Musa. Para unos eres un vampiro que succiona negro néctar, para otros una mujer de blancos pechos y sonrisa misteriosa. ¿Cómo llamarte? ¿Cómo amarte? El muro que separa el odio del amor es frágil, tanto como el que separa el sufrimiento del placer ¿Y qué hay de los que se tambalean en lo alto de la muralla, de los que no saben hacia que lado caerán? Quien cae en los oscuros dominios del odio no lo hace sin proyectar su sombra en la tierra fértil de aquellos que aman y viceversa. Y de este modo huimos del infierno cuando nos quemamos en él, huimos del paraíso cuando su luz nos abrasa. Y esa misma es la base de nuestra existencia: la huida.
Pero casi ningún mortal se detiene para mirar atrás “Huye sin volver la cabeza, sólo así podrás salir del inframundo de la mano de tu amada” le dijo en un tiempo ficticio Perséfone a Orfeo. No vuelvas la cabeza, mortal, o verás a Eurídice desvanecerse, como si de un sueño se tratara. Y aun así hay quién mira hacia atrás, condenándose a sí mismo, no por ver desvanecerse a quién más ama sino por la terrible visión del rostro de su perseguidor; el suyo propio. Y como si de un espejo invertido se tratara vemos a la imagen de nosotros mismos llorar y de este modo notamos que frías lágrimas ruedan por el cauce de nuestras mejillas y vemos a nuestro perseguidor sonriendo y es entonces cuando nos horrorizamos al notar sangre en las comisuras de la boca, al no poder evitar sonreír. Y eso es lo que somos en verdad, una imagen borrosa que puja por liberarse de sí misma. Huímos de nosotros mismos y es que tenemos miedo de ser conscientes de nuestra propia existencia.

Anuncios

Permalink 2 comentarios