Encomio a Helena

diciembre 4, 2008 at 4:55 pm (Literatura) (, , )

helen_of_troyEn el “Encomio a Helena” Gorgias destaca en primer lugar el papel de la armonía en la vida del hombre, como cualidad imprescindible para el discurso de la verdad. Estableciendo esto señala el error de alabar lo que no debe ser alabado y detractar lo que debe ser elogiado, que es la consecuencia o más bien la causa de la ausencia de armonía.

Tras este breve exordio procede a hacer una defensa de Helena, personaje del extenso elenco mitológico, que se supone que fue el desencadenante de la guerra de Troya, fuertemente calumniado a lo largo de la historia.

Refuta las cuatro principales acusaciones que se le hacen. Si Helena marchó a Troya por un designio divino esto sería irreprochable, pues los hados no pueden ser cuestionados por los mortales. Si Helena fue raptada con violencia, tampoco se le puede increpar por tal razón, puesto que no habría sido voluntad de Helena, por tanto no guardaría culpa, sino que más bien habría que compadecerla. En el caso de que su marcha hubiera sido fruto de la persuasión de la palabra, también quedaría exculpada, ya que el hechizo elocuente obra en el que escucha de igual manera que si esta fuera llevada en contra de su voluntad, debido a que tiene la facultad de confundir la opinión del alma de forma necesaria, independientemente de que sea dicho con verdad o no. En último lugar, si Helena huyó con Alejandro por amor, tampoco se le debe incriminar por ello, dado que el amor es imprevisible y goza de una naturaleza divina que le otorga primacía sobre otros asuntos del alma.

Referidas las cuatro argumentaciones Gorgias concluye su discurso afirmando que ha logrado su propósito inicial, el de limpiar la reputación de Helena y que como tal ha sido un juego de su arte.

Así el razonamiento de Gorgias acerca de la inocencia de Helena de Troya se ramifica en cuatro argumentaciones de distinto carácter clasificables en dos categorías. La primera de ellas aludiría a una razón divina, según la cual nadie podría refutar la inocencia de Helena. “Si hay, pues, que atribuir la culpa al azar y a la diosa, hay que liberar a Helena de la infamia.” Haciendo referencia a esto, Gorgias establece con el lector o público (término más apropiado para el carácter de discurso del texto) una relación de fuerte fe en el designio del azar.

Alterando el orden de la exposición de los razonamientos mencionaremos ahora el cuarto argumento, puesto que es el que guarda una relación directa con el primero. “Si amor es un dios ¿Cómo podría ser capaz de apartar y repeler la potencia divina de los dioses quien es inferior a ellos?” Una vez más nos encontramos con una apelación divina para justificar la falta de Helena. De este modo el primer y el cuarto razonamiento constituirían la primera categoría. En ambos Helena es culpable, perpetra la falta, consuma conscientemente la traición, de manera que lo único que puede librarla de acusación es esa apelación a la divinidad, pues no es lícita la traición entre hombres, a no ser que se trate de una cuestión suprema y en este caso Gorgias demuestra que lo es.

Estos dos argumentos son el envoltorio del corazón de la exposición, en el que nos encontramos la segunda de las categorías en las que se podrían clasificar los razonamientos.

La segunda de ellas hace referencia al rapto de Helena. En este caso Helena no desea ser llevada a tierras extrañas, despojada de sus seres queridos y su patria. “Pues aquel cometió terribles crímenes, ella, en cambio, los sufrió. Justo es, pues, compadecer a una y odiar al otro.” Así en el segundo razonamiento expresa la posibilidad de su rapto por causa de la coacción física y que en el caso de que fuera así su marcha estaría justificada, ya que no fue ella la que erró, sino que su voluntad se vio violada.

La exculpación por coacción física constituye el preludio del núcleo del alegato, que es la alusión a la persuasión de la palabra. “¿Qué razón, por tanto, impide que llegaran a Helena (…), encantamientos que actuaron de modo semejante a como si hubiese sido raptada por la fuerza?”. Según esto la fuerza de la palabra bien formulada actúa en el individuo por necesidad y tiene la capacidad de modelar la opinión, incluso si no se trata de una palabra que guarde verdad. Al dejar el orador la marca que desea de manera irremediable Gorgias afirma que en efecto, el discurso elocuente guarda una estrecha relación con el rapto con violencia, es decir, en contra de la verdadera voluntad, que se ve ofuscada. En la persuasión de la palabra reside la esencia y la motivación de la reflexión de Gorgias.

Podríamos considerar la tercera argumentación como el núcleo del encomio a Helena, no sólo como elemento más importante y extenso del contenido, esto es, de lo que podríamos llamar la defensa o el encomio de Helena propiamente dicho, sino también de la forma, que es la norma que se impone Gorgias y que claramente conforma lo que él mismo llama al final “un juego de mi arte”.

“(…), no resulta fácil recordar el pasado ni analizar el presente ni adivinar el futuro.(…)en la mayoría de las cuestiones, los más tienen a la opinión como consejera del alma.” Con esta sentencia podemos vislumbrar el característico nihilismo de Gorgias, según el cual no existe nada; en el caso de que existiera no podría ser conocido y si se tratara de algo cognoscible no podría ser comunicado a otro. Aquí, aunque pudiera considerarse algo contradictorio dado su profundo escepticismo, estaría dando por supuesta la segunda máxima, según la cual nada puede ser conocido en el caso de que exista, pues el fundamento de las cosas se halla en las cosas y no en nosotros. Por tanto lo que es sería incognoscible, pues nuestra percepción nos impide tener una visión objetiva de lo que es, condición que nos hace guiarnos como ciegos por opiniones basadas en una memoria poco fiable y una conciencia dudosa de lo que es y será y que depende únicamente del sujeto. Y dado que nos guiamos por la dudosa opinión y que sólo somos capaces de transmitir a otros palabras y no las cosas tal y como son, le es posible al hombre elocuente moldear las opiniones ajenas a su favor.

No obstante, siguiendo al pie de la letra las máximas de Gorgias, el discurso podría aparecer un poco contradictorio, puesto que asienta muchas de sus afirmaciones sobre la base de lo falso y lo verdadero, sobre la posibilidad de acceso a lo que es verdadero mediante la armonía. “Armonía para una ciudad es el valor de sus hombres; (…) para un discurso, la verdad.” Esto podría interpretarse como una flagrante contradicción en su sistema. Sin embargo su tercer argumento puede mostrarse revelador si extrapolamos su sentido del contenido a la forma, es decir, si consideramos que Gorgias aplica la persuasión de la palabra como instrumento que organiza su discurso; “(…) permanecí dentro de los límites de la norma que me propuse al comienzo del discurso: intenté remediar la injusticia de un reproche y la ignorancia de una opinión. Quise escribir este discurso como un encomio a Helena y un juego de mi arte.” De esta manera nos habla de una estructuración del discurso a partir de una norma impuesta, que implica la necesidad de dar por supuestos unos términos concretos para su posterior elaboración.

“Encomio a Helena” es algo más que la simple defensa de un personaje denigrado. Se trata más bien de un homenaje a la palabra, una demostración del arte de modelar la opinión aplicada a un hecho que la mayoría da por supuesto (la culpabilidad de Helena) y que sin embargo Gorgias consigue poner en tela de juicio con hermosas palabras. Nos muestra el poder de convicción del discurso oratorio, instrumento imprescindible para jugar al arte de la persuasión.

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Algo sobre la Ilíada

agosto 20, 2008 at 11:55 am (Literatura, Mitología)

 

Rubens, Muerte de Héctor por Aquiles

Rubens, Muerte de Héctor por Aquiles

 

 

La Ilíada es el primer poema épico conocido, escrita por Homero, como todos saben. Fue un poema modélico por así decirlo, pues sus personajes son el paradigma del hombre griego virtuoso: honorable, belicista, amante de los dioses olímpicos, pero sobre todo humano.

 En este poema se resume la naturaleza versátil del ser humano, las dos caras de la moneda, la luz que no podría existir sin la extrema oscuridad, pues así como Aquiles es capaz de arrebatar el aliento a cientos de hombres sin vacilar un segundo también llora por una mujer, también le suplica a su madre, Tetis, para encontrar la venganza por tal afrenta. El reflejo del dualismo humano, de la lucha de la razón contra la pasión exaltada, se hace patente y confluyen entonces los más diversos valores, reacciones y sentimientos, que hacen de la Ilíada un auténtico compendio de los rasgos del comportamiento humano, que a pesar de centrarse en la cruenta batalla en los alrededores de la inexpugnable muralla de Ilion, también nos descubre el ardor de las discusiones entre Zeus y Hera, el amor del cobarde príncipe troyano hacia la hermosa Helena, el devastador deseo de venganza que hace que Aquiles sacrifique con su decisión de no intervenir a innumerables aqueos, el resentimiento de Menelao, el amor que profesa Héctor por su familia, los fuertes lazos paterno filiales entre el rey Príamo y sus hijos.

Todo se resume en la inevitable inclinación que tiene el hombre por destruir todo lo que ama; la batalla sangrienta escenifica la destrucción congénita al ser humano, la muerte que a todos iguala y que vaporiza cualquier sentimiento que una vez existió en vida. Por tanto, no puede considerarse a este poema como una mera y fría narración bélica sobre una pequeña parte de la guerra de Troya; si bien es cierto que la sangre roja calienta el suelo escarpado, tiñe de rojo las aguas del río Escamandro, los escudos broncíneos y las frías lanzas, también lo es que calienta el corazón humano y alimenta los impulsos pasionales, que nubla la claridad de la mente estratega.

No es una simple descripción del asesinato entre seres de la misma especie, no describe únicamente los sesos desparramados y las heridas mortales, sino que también manifiesta el desgarro emocional al perder a un ser muy querido, los conflictos psicológicos del individuo, que no siempre se muestra seguro de los valores que le impulsan a cometer sus actos. Los sentimientos desempeñan un papel importante, puesto que se manifiestan como las principales causas de los acontecimientos que se desencadenan. Hablamos no sólo de la estrategia calculada milimétricamente; la guerra es más bien la consecuencia de la exaltación del poder destructor del orgullo, del oscuro deseo de la venganza, de la codicia de un rey que lo quiere todo para sí mismo y por encima de todo de la belleza idealizada, que mueve barcos, que mata hombres, que lleva la discordia hasta la mismísima cima del monte Olimpo.

Así se observa que una cualidad primordial en los héroes de los griegos, lejos de adorar a retratos irreales de sí mismos, es la humanidad, algo idealizada, pero no obstante humanidad. Los mismos dioses son el resumen de todo defecto y virtud residente en la naturaleza del hombre. Las relaciones entre ellos son un microcosmos de esta personalidad tornadiza que nos caracteriza y esta humanización de los dioses, muy propia de la concepción politeísta griega,  queda inmortalizada por Homero en el poema, en el que se hace evidente la creencia absoluta en los designios de las deidades, pero sobre todo en el Destino, reflejo de la angustia existencial, del peso del mundo que recae en los huesos débiles y efímeros de un ser racional que está condenado a ser consciente de que va a morir. El Destino teje las vidas y no importa lo que se luche contra él, pues incluso esta lucha forma parte de su oscuro objetivo. Los héroes homéricos aceptan su destino, asumen toda responsabilidad; Aquiles sabe que morirá si permanece en Troya, sin embargo lucha y asesina a sabiendas de la fatalidad que tarde o temprano ha de cernirse sobre su cuerpo mortal.

La Ilíada es efectivamente una descripción de unas costumbres, de unas tierras, de una concepción religiosa, de la estratificación social, de determinados valores morales, elementos que componen las características de una época; pero también es el retrato del ser humano, una metáfora cargada de rasgos mitológicos que penetra en la esencia del animal racional; es el amor, el odio, la vida, la muerte, la luz que no podría existir sin la extrema oscuridad.

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